Cómo ser feliz disfrutando del presente

Las prisas son algo habitual en la sociedad actual, el pensar qué será de mí en un rato, en unos días, meses o años. Por otro lado, está el pensar constantemente en el pasado. Hay personas que quieren que avance su edad, que hacen cábalas sobre lo que serán o pretender ser el día de mañana; las hay que la retrasarían la edad para regresar a experiencias vividas. Son pensamientos lógicos, de seres humanos, pero que pueden terminar siendo contraproducentes e impedir disfrutar del presente. Te ofrecemos unos consejos sobre cómo ser feliz disfrutando del presente.

Cómo ser feliz disfrutando del presente

1. Detener el tiempo. Tienes que tener este pensamiento, proponerte detener el tiempo. Piensa en que tienes una palaca o un botón que te permite detener el tiempo. Cada vez que vayas a hacer algo, alguna tarea, cosa concreta o divertimento, debes ser consciente de que debes prestar atención y centrarte en ello. Por eso la sensación de detener el tiempo nos permitirá no distraernos con otras cosas. Focalizar la atención permitirá ganar profundidad en lo que estemos haciendo, la cabeza se centrará y seremos capaces de hacer las cosas mejor, porque la mente no estará dispersa, e incluso disfrutaremos más. Se trata de estar atendiendo al presente, sin otras distracciones. Debes aparcar las preocupaciones, los pensamientos o los elementos que pueden alterar ese presente, como puede ser el teléfono móvil.

2. Aprender a ser paciente. La mayoría de las personas no saben lo que es ser paciente. Si eres de los que te saltas semáforos, de los que van gritando mientras conducen, de los que se desesperan con el coche de delante porque va lento, de los que no son capaces de esperar una cola, de los que quieren ser atendidos ya mismo, de los que no cocinan comida elaborada porque se pierde tiempo, de los que tienen ansiedad por las prisas, de los que se frutran pensando que están perdiendo tiempo, de los que se enfadan con el mundo por ello, debes aprender a tener más paciencia. Tus prisas, además de hacerte mal y ponerte de mal humor, no aceleran nada.

3. Acompasar mente y cuerpo. Los puntos anteriores son cuestiones que atañen a la mente, pero el cuerpo debe ir acompasado. Aprende a materializar esa ausencia de prisa caminando más despacio, conduciendo igualmente, masticando la comida relajado, habla con más calma lo que te permitirá además pensar más antes de largar palabras por la boca… Es cierto que en el cómputo general habrás perdido unos minutos de tu vida, pero habrás ganado en calidad de la misma. Por supuesto, también te lo agradecerá tu entorno, ya que mejorará tu humor porque te verás menos estresado y esto afectará a quienes te rodean, para bien.

4. Los detalles son importantes. Vivir de prisa hace que se omitan detalles de la vida. Se pierde sensibilidad y esos detalles son los que en un momento dado pueden reportar la felicidad. Por ejemplo, disponer de comida, si la tienes a diario y no tienes problemas para conseguirla, hará que veas como normal y corriente tener comida. No darle valor a ello hará que conviertas el hecho de comer en una vulgaridad. Por eso debes apreciar los detalles de la vida y saber ser agradecido con la misma. De este modo aprenderás a disfrutar de cosas que antes considerabas insignificantes, como puede ser, por ejemplo, el hecho de disponer de agua para beber o para darse un baño. Si no se le dan importancia a estos detalles pierden valor las cosas. Es mejor saber lo que uno tiene y apreciarlo que estar pensando en lo que no tiene y desearía. Esta manera de pensar te hará ser más feliz.

5. Prioriza los pensamientos. Debes aprender a ordenar los pensamientos de tu mente, de manera que puedas dar prioridad a los pensamientos que sabes que te aportan cosas positivas en la vida y desechar todos aquellos que te entorpecen a la hora de buscar la felicidad. Hay pensamientos que surgen como fruto del razonamiento y los hay que son irracionales. Quita valor a los segundos y no les des la importancia que no tienen. Por ejemplo, pensar en las preocupaciones no es sano si no es para encontrar soluciones para las mismas.

6. Hacer del presente un siempre presente. No trates de buscar excusas para vivir el presente. No aplaces ese vivir en el presente. Debes hacer del presente un siempre presente, porque si pospones esa vivencia y vives con prisas y de modo superficial acostumbrarás mal a tu cuerpo y tu mente. El instante de la decisión de vivir el presente debe ser aquí y ahora. No lo veas como una manera de ralentizar tu vida, sino como un modo de disfrutar más de la vida.

7. Los símbolos o los signos ayudan en el proceso de cambio. Colocarte símbolos, signos, objetos o cosas que visualmente te recuerden la voluntad de dar ese cambio de vivir más despacio la vida te ayudarán a cambiar tu manera de vivir. Todo el mundo posee intención de cambio, pero luego uno no lo aplica porque en el día a día la atención está focalizada en lo que se está haciendo en lugar de en esa voluntad de cambio. O sea, la gente se olvida del cambio o lo pospone para otro momento. Por eso es bueno tener ayudas en la vida rutinaria que nos hagan recordar nuestra intención. Estos símbolos o mensajes para nuestra mente deben estar a la vista, de modo que haciendo nuestra vida podamos verlos. Pueden estar en el coche, en las puertas, en la cama, en una mesa, en la nevera, en el televisor… Modificar las rutinas no es fácil y esto ayuda a tenerlo presente.

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