El primer supercoche fabricado con impresora 3D

Es un automóvil ecológico llamado Blade con una relación peso-potencia superior a la de un Bugatti Veyron

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Cuando Kevin Czinger dio un giro a su vida en el sector de los automóviles, donde trabajaba desde hace años, lo hizo porque buscaba solidarizarse con el medio ambiente y con la sociedad en general. Perseguía abaratar los costes de los coches y fabricarlos con menos productos contaminantes, además de más limpios para el planeta y su naturaleza. Entonces creó Divergent Microfactories, compañía de automotriz que nació en California.

En esa búsqueda de evitarla contaminación, se fijó en la impresión 3D en metales. Y con ello ha podido fabricar el primer supercoche del mundo, un deportivo capaz de medirse con los más exclusivos de la industria del automóvil. Además de que este coche se realiza sin petróleo y consumiendo menos energía, lo que hace que dañe en cuanto a polución una tercera parte de lo que lo hace la fabricación de los coches convencionales, posee unas prestaciones impresionantes.

Esta máquina de cuatro ruedas ‘parida’ por una impresora 3D tiene por ejemplo un chasis que pesa 46 kilos, gracias a que está realizado con fibra de carbono y con un proceso de optimización de las partes de los coches que se fabrican bajo en método clásico de fabricación. La estructura es de aluminio y acero. Según Divergent Microfactories, el diseño y los componentes hacen de Blade, porque así se llama esta bestia de la carretera, un automóvil más resistente que cualquier otro coche. “Hemos probado la resistencia y durabilidad del chasis, y es aún más fuerte que la tecnología actual”, se afirma desde la fábrica.

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Además, por su fuera poco, esta criatura de la impresión 3D cuenta con nada más y nada menos que 700 caballos de potencia, lo que unido a que el coche posee un peso de 635 kilos, hace que se trate de un coche con una relación peso-potencia mayor que la del Bugatti Veyron. Según explican desde la empresa, es una máquina capaz de acelerar más rápido que un superdeportivo McLaren P1. “Acelera de 0 a 100 kilómetros por hora en unos 2 segundos”, sostiene la empresa de la industria de la automotriz. Se ha montado un motor turboalimentado de combustión interna con 4 cilindros que se alimenta con gas natural, gas comprimido o gasolina.

“Nos hemos centrado mucho en la estética de este coche, ya que es muy importante para capturar la imaginación de la gente “, concluye su creador, que asegura que se puede montar el chasis del coche en apenas 30 minutos y con las manos. Además, la carrocería del coche no es estructural, de modo que podría emplearse prácticamente cualquier material en la construcción de la misma, abaratando con ello el precio del coche.

Cuestionada la compañía acerca de cuántos coches es posible fabricar al año por una compañía como la suya, sostiene que cerca de 10.000, que pueden ir desde vehículo deportivos de dos plazas hasta una pick-up, todo ello fabricado con impresora 3D. En este sentido, Blade es la máxima expresión de lo que se puede hacer, más allá de coches utilitarios. Pero la compañía también sostiene que fabricarán unidades contadas de superdeportivos, aunque la filosofía es diseñar coches accesibles económicamente para todas las personas.

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“Nuestro objetivo es reducir radicalmente los materiales, el uso de energía, la contaminación y el costo de la fabricación de automóviles, y para poner nuevas herramientas de producción y la innovación en manos de pequeños equipos de todo el mundo. Para ello, vamos a proporcionar las herramientas necesarias para que las personas establezcan una microfactory, y las tecnologías que les permitan construir vehículos. También vamos a vender un número limitado de vehículos de alto rendimiento que se fabrican en nuestra propia microfactory”, dicen desde Divergente Microfactories, una empresa que puede revolucionar el mundo de la automoción.

 Fuente y fotos: Divergent Microfactories

 

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