Lo peor que te puede suceder en un restaurante

Si el sitio es de confianza, no hay problemas. Ya se conoce lo que se ofrece. Pero cuando se innova y se accede por primera vez a un restaurante, ya sea por voluntad de experimentar o por necesidad, en ocasiones suele haber sorpresas. Esto es lo peor que te puede suceder en un restaurante.

Lo peor que te puede suceder en un restaurante

1. El agua. Que te traigan la botella de agua abierta a la mesa es sospechoso. Puede que sea agua embotellada y de la misma marca que pone en la etiqueta, o puede que no. La opción de beber agua del grifo, en los lugares en los que se puede, debe ser una alternativa. Un restaurante que advierte de que se puede beber agua del grifo traída en una jarra es algo de agradecer. Más cuando el agua embotellada se vende cara a rabiar. Son gestos que pueden determinar si se vuelve o no, porque no todo es pensar en el dinero del cliente. Se agradece cuando el que vende se pone en el lugar del comprador. No es por ratería, puesto que hay personas que la única manera de salir de casa para comer es haciendo un esfuerzo económico extraordinario, y estos no pueden permitirse lujos como pagar por beber agua. Con esto no se quiere decir que el restaurante deba ser una ONG, pero sí debe agradecer que esas personas estén yendo a su local y no a uno, por ejemplo, de comida rápida.

2. Que te cobren el pan extra. Que te cobren el pan puede ser comprensible, aunque lo ideal es que no haya sorpresas de este tipo en la factura. Sin embargo, lo verdaderamente cutre es cuando se cobra la segunda unidad de pan. Además, hay restaurantes que aprovechan la tardanza en el servicio de la comida para ofrecer pan que se ha consumido cuando llega el plato a la mesa. Esta estrategia, cuando es intencionada y lo que se busca es vender más pan, molesta.

3. Que te cobren los cubiertos o los servicios. Tener la sensación de que se están alquilando los cubiertos es feo. Se supone que van incluidos en el precio de la comida. Pero solo se supone. Porque hay locales que cobran ese alquiler. Si bien, nadie te ha preguntado si querías comer con las manos… Cobrar la atención es igual.

4. Que te cobren la leche del café, el azúcar o el hielo. El café se entiende que es con leche y con azúcar, aunque luego existan los gustos de cada uno. Otra cosa es que luego se quieran ingredientes extraordinarios, fuera de lo común, como cremas añadidas o métodos de elaboración. ¿Acaso se descuenta dinero del precio del café cuando se toma sin azúcar o sin leche? Pues igual debería suceder a la inversa.

5. Que no te den mesa estando vacías todas las del local. En locales en los que los camareros cobran el mismo sueldo con independencia del número de clientes, se puede dar el caso de que se nos diga que las todas mesas están reservadas para por no hacer ese esfuerzo extra que no implicará ningún cobro de más. Hay ocasiones en las que la respuesta del restaurante puede ser con razón y se debe respetar. Pero estando vacías las mesas, tal vez puedan proponerte un horario para la comida y que tú lo aceptes o no. En este caso, al menos, aunque pueda que no te convengan esas prisas por comer, te demostrarán servicialidad.

6. Que te metan prisa por comer. Si no te avisan de que se trata de un restaurante que posee turnos en las comidas, lugares en los que las prisas son un hábito o razón de ser del establecimiento, deben advertirlo. Lo que no puede ser es que nadie te avise y luego te metan prisa para terminar. Ver que te traen el segundo plato sin haber terminado el primero es horroroso. Además de una falta de respeto, la comida pierde temperatura o calidad. Hay personas que van a un restaurante a charlar a la par que se come. Y si el establecimiento está pensando para gente que solo va a comer, se debe advertir. Esas prisas, además, llevan a ciertos camareros a ‘tirar’ los platos sobre la mesa como si estuvieran jugando con un frisbee.

7. Que el mantel esté sucio. Vale que igual no estás en un restaurante de cinco tenedores o en uno con tres estrelas Michelín, puede que simplemente sea un sencillo local de menús del día. Pero eso no quita para que haya higiene. Encontrarse el mantel con restos de los anteriores clientes es lo más desagradable que hay. Se dice el mantel dando por hecho que los cubiertos y platos no llegan sucios, porque eso ya es vomitivo, para levantarse y marchar.

8. Que no llamen a las cosas por su nombre. ¿Nunca te has llevado una sorpresa a llegar el plato a la mesa porque no se corresponder o nada tiene que ver con lo que leíste en la carta? Si no te ha sucedido has tenido suerte. Suele suceder, por ejemplo, con las carnes. Hay quien aprovecha el desconocimiento para colocar carne más barata que la que figura en la carta. Otro caso es el foie, que se confunde con el paté. En estos casos, además, casualmente siempre sale ganando el restaurante.

9. Que la música no tenga concordancia con el lugar. Tener la música demasiado elevada o poner una música desacorde al local resulta agobiante. En ocasiones no se oye a las personas que te acompañan o simplemente parece que te encuentras en un pub. Saber escoger la música apropiada es una virtud.

10. Que haya poco espacio entre las mesas. Que el de al lado tuyo esté pendiente de tu covnersación es algo que a nadie le gusta. Para evitarlo, las mesas deben estar lo suficientemente alejadas. Si no es así, puedes sentirte incómodo y estar más pendiente del tipo de al lado que de tu compañía o tu comida. Incluso, hay locales en los que tienes que estar pendiente de dejar pasar al comensal que se marcha o al que llega.

11. Que se excedan con la confianza. Una cosa es la educación y la amabilidad, pero otra bien diferente es cuando se llega a la impertinencia con maneras de hablar, preguntas o comentarios fuera de lugar. Que sí, que es cierto que buscan agradar, pero se confunden. Los excesos de confianza suelen generar el efecto contrario al deseado. Aunque es cierto que esto se puede dar también a la inversa, con clientes absurdos.

12. Que no te acepten la tarjeta. Si no se puede pagar con tarjeta deben avisarte, porque si no, te obligan a verte en un apuro. Además, luego tendrás que tomarte la molestia de acudir a algún cajero para sacar dinero y regresar al restaurante para pagar. Puede que incluso tengas que pagar comisiones en el banco más cercano por no haber uno que te satisfaga y esté próximo.

Fuente: Huffington Post

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