Los 7 pecados capitales para tu economía

Todas las personas nos vemos tentados prácticamente a diario a gastar dinero en cosas que puede que incluso verdaderamente ni necesitamos. Y es que el gasto es algo rutinario, cotidiano, habitual, pero también es verdad que el cuerpo pide caprichos y se puede llegar a confundir la necesidad con el capricho. Pero debes saber que si caemos en las tentaciones podemos poner en riesgo nuestra situación financiera. Por eso, es importante que conozcas cuáles son los 7 pecados capitales para tu economía.

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La envidia. Vivimos en una sociedad que se denomina ‘sociedad de la imagen’. Esto quiere decir que otorgamos una gran importancia a la imagen. Por eso, la televisión, las publicaciones, o sea la imagen, posee tanta trascendencia.

Estamos rodeados de mensajes con imágenes, pero estos, en ocasiones, pueden ser objeto de envidia. Por ejemplo, las campañas publicitarias, con personajes que se antojan perfectos, con peinados perfectos, ropa limpia, planchada… O imagina un anuncio de coches, cómo brillan, qué satisfacción reportan a quienes lo conducen… En definitiva, imágenes que transmiten perfección. Pero esa perfección no es real, es simulada, está todo orquestado a fin de aumentar los niveles de ventas, por lo que no debes caer en la tentación de ser lo que esa imagen proyecta.

Si de verdad quieres tener algo como lo que tiene alguien, lo mejor es primer evaluar si realmente es necesario. Porque si caes en el error de gastar en algo innecesario corres el riesgo de poner en peligro tu economía. Lo importante es disfrutar con lo que uno tiene, no aspirar a tener lo que tienen los demás.

La gula. ¿A quién no la ha sucedido nunca que al ver pasar anuncio tras anuncio de comida, resulta que comería de todo lo que ha visto pasar ante sus ojos? Imagina esos anuncios donde salen las pizzas perfectas, esos snacks, esos refrescos… ¿A que comerías de todo? A eso se le llama gula. Al igual ocurre cuando se va al supermercado. Si no resistes la tentación, acabas llenando el carro de cosas innecesarias. ¿Y en un restaurante, no pedirías una ración de cada cosa? A eso se le llama gula. Evitarla te dará un mayor control sobre tu economía.

La pereza. Si somos unos perezosos y, por ejemplo, nos cuesta hacer una planificación de nuestra economía, esto puede conllevar a una mala gestión de los recursos económicos. Realizar controles de ingresos y gastos, ya sea a nivel empresarial o particular, evitará que tengamos sorpresas desagradables. Esos presupuestos, además, permiten gastar lo justo y necesario, no por encima de nuestras posibilidades. Es bueno tener ese hábito de control y que no nos gane la pereza. Esta rutina será, en cualquier caso, positiva.

La avaricia. Para avanzar en la vida, lo más apropiado son los pasos cortos pero seguros. Si eres demasiado avaricioso, puede que esas ansias de crecimiento personal o profesional te venzan y lleves a cabo inversiones desmesuradas que pueden conducir a contraer una deuda que nos acabe arruinando. Reprimir las emociones es algo fundamental, puesto que si solamente nos dejamos guiar por ellas, si no utilizamos la cordura, tendremos muchas posibilidades de pecar de avaricia. Y esto, según lo dicho, puede ser la ruina económica.

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La soberbia. Las modas están pensadas para inducir a nuevas compras. Si te dejas llevar por la moda, nunca dejarás de gastar. Y dentro de ese contexto de gasto permanente, es más probable que acabes malgastando tu dinero. Por eso, no hay como tener personalidad propia y no dejarse llevar por tendencias del mercado que lo que buscan es fomentar la sociedad de consumo. Debes saber que la personalidad no se compra ni está asociada a las marcas. La personalidad es algo que se tiene o no, y que no depende de estados de ánimo, de emociones o de compras.

La ira. La ira conduce a la toma de decisiones de manera irracional, por eso es bueno que la controles, ya que si no lo haces, corres el riesgo de, por ejemplo, realizar gastos sin sentido. Si lo haces, puede que cuando se te pase la rabia o el enfado pases a ser consciente de lo que has hecho y ya será tarde, no habrá vuelta a atrás. Hay gente a la que los estados de ánimo la afectan de manera considerable. Es por eso que si te ocurre que cuando estás enfadado necesitas estímulos en forma de compras, debes controlarte.

La lujuria. La lujuria, más allá del plano sexual, se entiende como un deseo excesivo de algo. A la hora de realizar compras, si padecemos de lujuria es probable que paguemos precios por encima de lo que deberíamos. Y es que la lujuria lleva a que, al ansiar tanto algo, termine no importando el precio de ese ‘algo’. Esto es muy peligroso, porque no nos permitirá ahorrar ni buscar precios más competitivos o bienes sustitutivos a ese ‘algo’. Y debes saber que a la hora de invertir hay que hacerlo con cabeza y no guiado por uno de los 7 pecados capitales. Porque si lo haces, estarás poniendo en riesgo tu economía.

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