¿Quieres medir tu inteligencia emocional?

El control de las emociones ayuda a sobrellevar una vida mejor, porque si no dominas las emociones te pueden jugar malas pasadas. Aprendiendo a manejarlas en cada situación podrás sacar partido. De hecho, puede ser una herramientas indispensable para poder alcanzar las metas que nos propongamos.

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Si quieres conocer cuál es tu capacidad para controlar las emociones en lugar de que estas te dominen a ti, consulta estos puntos. ¿Quieres medir tu inteligencia emocional? Aquí te explicamos cómo puedes hacerlo. Te presentamos algunos indicadores de que posees una inteligencia emocional desarrollada o si, por el contrario, debes aplicarte para trabajarla.

Reconocer las emociones. Como primer paso es conveniente ser capaz de señalar cuáles son tus emociones. Porque una vez que sepas cuáles son podrás comenzar a trabajar para controlarlas. Puede que estés viviendo una etapa de frustración y no seas capaz de reconocer el porqué. Lo que debes hacer es conocerte mejor, dedicarte tiempo para poder reconocer lo que sientes y cuáles son los orígenes de tus emociones. Esto te ayudará para poder trabajar en ellas.

Poseer el control de uno mismo. Hay ocasiones en las que la vida nos sitúa ante situaciones extremas y es en ese momento cuando uno puede perder los papeles y tener reacciones descontroladas. Pero si te conoces serás capaz de evitarlas. El enfado extremo, la ira… Se pueden controlar, pero primero debes identificar tus emociones para saber frenarlas. Un freno puede ser pensar más tiempo las cosas que hacemos y eso hará que las reacciones no sean descontroladas y motivo de un posterior arrepentimiento.

Comprender al resto de personas. Una vez que eres capaz de identificar tus emociones, sus motivos, es bueno conocer las emociones de las demás personas, porque serás capaz de reconocer en ellas emociones que tú también posees. De esta manera ganarás en sensibilidad y serás más certero a la hora de identificar emociones y sus reacciones. Se trata de tener empatía, porque ser capaz de que las personas que nos rodean se sientan cómodas contigo hará que ganes en la capacidad de tener relaciones sociales. Tus amistades y tus relaciones con el resto de personas se verán fortalecidas.

Afrontar los cambios. Cambias de hábitos, de estilo de vida, nunca es sencillo, pero si buscas mejorar como persona deberás hacerlos. Las personas que son inteligentes emocionalmente no dan la espalda a los cambios, al contrario, sacan fortaleza y valentía para afrontarlos. Esto forma parte del proceso de mejora como persona. Los cambios te ayudarán a crecer como persona y estar mejor preparado ante la vida.

No hundirse con el fracaso. Cuando se afronta un cambio pueden llegar los contratiempos, que pueden ser considerados como fracaso, pero ser persistente y no hundirse ante un fracaso te hará mejorar como ser humano. La vida suele ofrecer segundas oportunidades, de modo que hay que levantarse y seguir luchando por esos cambios. Además, el fracaso siempre es una nueva lección de aprendizaje, si sabes interpretarlo así, habrás ganado mucho a la hora de enfocar los cambios.

Ser capaz de centrarse. La vida tiene un montón de situaciones que pueden ejercer de distracción, pero si eres capaz de priorizar tus labores y centrar tu atención, podrás desarrollarte de un modo más rápido. Ser capaz de centrarse ayuda a la hora de realizar planificaciones a un plazo medio o largo. Serás capaz de tener proyectos más grandes y realizables.

Aprender a atender a los demás. Es bueno estar atento de lo que sucede alrededor de uno mismo, pero no solamente hay que estar atento de aquello que nos interesa, sino de todo. Además, también es bueno que sepas escuchar y que solamente hables cuando sea necesario. Si eres capaz de hacerlo, de escuchar y dejar hablar, aprenderás más rápido, porque absorverás un mayor grado de información, y mostrarás un mayor grado de empatía, lo cual favorecerá a tus relaciones sociales.

Atender a la llamada interior. En ocasiones las personas actuamos por instinto, pero esto tiene peligro, porque se deja de lado la razón. Lo ideal es conjugar ambos casos, porque si no corres el riesgo de imponer los prejuicios y a nadie le gusta ser prejuzgado sin haber gozado de la oportunidad de darse a conocer.

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